miércoles, 31 de agosto de 2011
Inteligencia Artificial y Robótica
S
Se denomina inteligencia artificial (IA) a la rama de las ciencias de la
Computación dedicada al desarrollo de agentes racionales no vivos.
Para explicar la definición anterior, entiéndase a un agente como cualquier cosa capaz de percibir su entorno (recibir entradas), procesar tales percepciones y actuar en su entorno (proporcionar salidas), y entiéndase a la racionalidad como una capacidad humana que permite pensar, evaluar y actuar conforme a ciertos principios de optimidad y consistencia, para satisfacer algún objetivo o finalidad. De acuerdo al concepto previo, racionalidad es más general y por ello más adecuado que inteligencia para definir la naturaleza del objetivo de esta disciplina.
Por lo tanto, y de manera más específica la inteligencia artificial es la disciplina que se encarga de construir procesos que al ser ejecutados sobre una arquitectura física producen acciones o resultados que maximizan una medida de rendimiento determinada, basándose en la secuencia de entradas percibidas y en el conocimiento almacenado en tal arquitectura.
Existen distintos tipos de conocimiento y medios de representación del conocimiento, el cual puede ser cargado en el agente por su diseñador o puede ser aprendido por el mismo agente utilizando técnicas de aprendizaje.
También se distinguen varios tipos de procesos válidos para obtener resultados racionales, que determinan el tipo de agente inteligente. De más simples a más complejos, los cinco principales tipos de procesos son:
* Ejecución de una respuesta predeterminada por cada entrada (análogas a actos reflejos en seres vivos).
* Búsqueda del estado requerido en el conjunto de los estados producidos por las acciones posibles.
* Algoritmos genéticos (análogo al proceso de evolución de las cadenas de ADN).
* Redes neuronales artificiales (análogo al funcionamiento físico del cerebro de animales y humanos).
* Razonamiento mediante una lógica formal (análogo al pensamiento abstracto humano).
También existen distintos tipos de percepciones y acciones, pueden ser obtenidas y producidas, respectivamente por censores físicos y censores mecánicos en máquinas, pulsos eléctricos u ópticos en computadoras, tanto como por entradas y salidas de bits de un software y su entorno software.
Varios ejemplos se encuentran en el área de control de sistemas, planificación automática, la habilidad de responder a diagnósticos y a consultas de los consumidores, reconocimiento de escritura, reconocimiento del habla y reconocimiento de patrones. Los sistemas de IA actualmente son parte de la rutina en campos como economía, medicina, ingeniería y la milicia, y se ha usado en gran variedad de aplicaciones de software, juegos de estrategia como ajedrez de computador y otros videojuegos.
Historia de la inteligencia artificial
La Inteligencia Artificial surge definitivamente a partir de algunos trabajos publicados en la década de 1940 que no tuvieron gran repercusión, pero a partir del influyente trabajo en 1950 de Alan Turing, matemático británico, se abre una nueva disciplina de las ciencias de la información.
Si bien las ideas fundamentales se remontan a la lógica y algoritmos de los griegos, y a las matemáticas de los árabes, varios siglos antes de Cristo, el concepto de obtener razonamiento artificial aparece en el siglo XIV. A finales del siglo XIX se obtienen lógicas formales suficientemente poderosas y a mediados del siglo XX, se obtienen máquinas capaces de hacer uso de tales lógicas y algoritmos de solución.
Inteligencia artificial convencional
Se conoce también como IA simbólico-deductiva. Está basada en el análisis formal y estadístico del comportamiento humano ante diferentes problemas:
* Razonamiento basado en casos: Ayuda a tomar decisiones mientras se resuelven ciertos problemas concretos y aparte de que son muy importantes requieren de un buen funcionamiento.
* Sistemas expertos: Infieren una solución a través del conocimiento previo del contexto en que se aplica y ocupa de ciertas reglas o relaciones.
* Redes bayesianas: Propone soluciones mediante inferencia probabilística.
* Inteligencia artificial basada en comportamientos: que tienen autonomía y pueden auto-regularse y controlarse para mejorar.
* Smart Process Management: facilita la toma de decisiones complejas, proponiendo una solución a un determinado problema al igual que lo haría un especialista en la actividad.
Inteligencia computacional.
La Inteligencia Computacional (también conocida como IA subsimbólica-inductiva) implica desarrollo o aprendizaje interactivo (por ejemplo, modificaciones interactivas de los parámetros en sistemas conexionistas). El aprendizaje se realiza basándose en datos empíricos.
La robótica es la ciencia y la tecnología de los robots. Se ocupa del diseño, manufactura y aplicaciones de los robots. La robótica combina diversas disciplinas como son: la mecánica, la electrónica, la informática, la inteligencia artificial y la ingeniería de control. Otras áreas importantes en robótica son el álgebra, los autómatas programables y las máquinas de estados.
El término robot se popularizó con el éxito de la obra RUR (Robots Universales Rossum), escrita por Karel Capek en 1920. En la traducción al inglés de dicha obra, la palabra checa robota, que significa trabajos forzados, fue traducida al inglés como robot.
Clasificación de los robots
Según su cronología:
• 1ª Generación.
Manipuladores. Son sistemas mecánicos multifuncionales con un sencillo sistema de control, bien manual, de secuencia fija o de secuencia variable.
• 2ª Generación.
Robots de aprendizaje. Repiten una secuencia de movimientos que ha sido ejecutada previamente por un operador humano. El modo de hacerlo es a través de un dispositivo mecánico. El operador realiza los movimientos requeridos mientras el robot le sigue y los memoriza.
• 3ª Generación.
Robots con control sensorizado. El controlador es una computadora que ejecuta las órdenes de un programa y las envía al manipulador para que realice los movimientos necesarios.
• 4ª Generación.
Robots inteligentes. Son similares a los anteriores, pero además poseen censores que envían información a la computadora de control sobre el estado del proceso. Esto permite una toma inteligente de decisiones y el control del proceso en tiempo real.
Según su arquitectura:
La arquitectura, es definida por el tipo de configuración general del Robot, puede ser metamórfica. El concepto de metamorfismo, de reciente aparición, se ha introducido para incrementar la flexibilidad funcional de un Robot a través del cambio de su configuración por el propio Robot. El metamorfismo admite diversos niveles, desde los más elementales (cambio de herramienta o de efecto terminal), hasta los más complejos como el cambio o alteración de algunos de sus elementos o subsistemas estructurales. Los dispositivos y mecanismos que pueden agruparse bajo la denominación genérica del Robot, tal como se ha indicado, son muy diversos y es por tanto difícil establecer una clasificación coherente de los mismos que resista un análisis crítico y riguroso. La subdivisión de los Robots, con base en su arquitectura, se hace en los siguientes grupos: poliarticulados, móviles, androides, zoomórficos e híbridos.
• 1. Poliarticulados
En este grupo están los Robots de muy diversa forma y configuración cuya característica común es la de ser básicamente sedentarios (aunque excepcionalmente pueden ser guiados para efectuar desplazamientos limitados) y estar estructurados para mover sus elementos terminales en un determinado espacio de trabajo según uno o más sistemas de coordenadas y con un número limitado de grados de libertad. En este grupo se encuentran los manipuladores, los Robots industriales, los Robots cartesianos y se emplean cuando es preciso abarcar una zona de trabajo relativamente amplia o alargada, actuar sobre objetos con un plano de simetría vertical o reducir el espacio ocupado en el suelo.
• 2. Móviles
Son Robots con gran capacidad de desplazamiento, basada en carros o plataformas y dotada de un sistema locomotor de tipo rodante. Siguen su camino por telemando o guiándose por la información recibida de su entorno a través de sus censores. Estos Robots aseguran el transporte de piezas de un punto a otro de una cadena de fabricación. Guiados mediante pistas materializadas a través de la radiación electromagnética de circuitos empotrados en el suelo, o a través de bandas detectadas fotoeléctricamente, pueden incluso llegar a sortear obstáculos y están dotados de un nivel relativamente elevado de inteligencia.
• 3. Androides
Son Robots que intentan reproducir total o parcialmente la forma y el comportamiento cinemática del ser humano. Actualmente los androides son todavía dispositivos muy poco evolucionados y sin utilidad práctica, y destinados, fundamentalmente, al estudio y experimentación. Uno de los aspectos más complejos de estos Robots, y sobre el que se centra la mayoría de los trabajos, es el de la locomoción bípeda. En este caso, el principal problema es controlar dinámica y coordinadamente en el tiempo real el proceso y mantener simultáneamente el equilibrio del Robot.
• 4. Zoomórficos
Los Robots zoomórficos, que considerados en sentido no restrictivo podrían incluir también a los androides, constituyen una clase caracterizada principalmente por sus sistemas de locomoción que imitan a los diversos seres vivos. A pesar de la disparidad morfológica de sus posibles sistemas de locomoción es conveniente agrupar a los Robots zoomórficos en dos categorías principales: caminadores y no caminadores. El grupo de los Robots zoomórficos no caminadores está muy poco evolucionado. Los experimentados efectuados en Japón basados en segmentos cilíndricos biselados acoplados axialmente entre sí y dotados de un movimiento relativo de rotación. Los Robots zoomórficos caminadores multípedos son muy numeroso y están siendo experimentados en diversos laboratorios con vistas al desarrollo posterior de verdaderos vehículos terrenos, piloteando o autónomos, capaces de evolucionar en superficies muy accidentadas. Las aplicaciones de estos Robots serán interesantes en el campo de la exploración espacial y en el estudio de los volcanes.
• 5. Híbridos
Corresponden a aquellos de difícil clasificación cuya estructura se sitúa en combinación con alguna de las anteriores ya expuestas, bien sea por conjunción o por yuxtaposición. Por ejemplo, un dispositivo segmentado articulado y con ruedas, es al mismo tiempo uno de los atributos de los Robots móviles y de los Robots zoomórficos. De igual forma pueden considerarse híbridos algunos Robots formados por la yuxtaposición de un cuerpo formado por un carro móvil y de un brazo semejante al de los Robots industriales. En parecida situación se encuentran algunos Robots antropomorfos y que no pueden clasificarse ni como móviles ni como androides, tal es el caso de los Robots personales.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Propuesta barrial: Entre todos... podemos
El barrio de floresta tiene muchos problemas. La mayoría de las veredas están rotas y muy pocas estas sanas. Otro problema es la luz. Muchas calles y veredas están muy oscuras. Otro, es la inseguridad. Miles de personas son victimas de los robos y asesinatos a la inseguridad se le puede ganar con más policías. Otro problema son los semáforos. Algunos no andan y es muy peligroso por que pueden causar accidentes. La basura es otro gran problema. Mucha gente tira la basura en las calles y dejan un olor insoportable. Con trabajo de todos… esto puede cambiar.
Con vos...
¡somos mas!
Con vos...
¡somos mas!
miércoles, 4 de mayo de 2011
Cuento de 1000 palabras
YO SOLO QUERIA UN CIGARRO
Estoy terriblemente aburrida y no sé qué hacer. Siento venir al hastío directamente hacia mí para darme un golpe certero en el alma hueca y no sé cómo huir de él. Hoy es tres de enero y para variar estoy sola, sin nadie con quién hablar, tumbada en un sofá contemplando el techo húmedo de mi cuarto. Una agenda llena de números pero ninguno como para poder llamar a esta hora maldita.
Decido salir a caminar un poco. A veces suelo caminar sola para distraerme, a veces funciona, pero a veces lo único que consigo es cansarme. La lluvia jodida; que molesta en la cara; que no moja demasiado; la lluvia hipócrita, no cesa. No hay cigarros en mis bolsillos y necesito uno urgente. Una tienda: difícil de encontrar abierta por este barrio y a esta hora (Rímac, 11.00 P.m.). No conozco muy bien por aquí. Estoy despeinada, sin bañarme, con las bastas mojadas y sucias de barro. La lluvia me molesta, no me deja ver bien. Una luz blanca mojada, que por momentos parece ser un arco iris, me indica que hay una bodega abierta:
-Un Marlboro rojo por favor...
-Sólo hay Salem.
Maldigo para mis adentros. Ojala me gustaran los mentolados. Salgo de la tienda y mi desconcierto aumenta. No sé a dónde ir. Ver las calles así, mojadas, oscuras, sin mucha gente hacen que me de cuenta de mi realidad: me siento infinitamente sola, estoy sola.
Tengo un poco de miedo: ciento que algo puede pasar de pronto pero aún así decido ir más allá. Veo otro fluorescente que despide luz mojada igual que el anterior. No creo que tengan los cigarros que quiero pero igual decido ir.
La tienda huele a humedad, tiene unas cuantas verduras secas, algunas golosinas y pocos cigarros.
Sé que no hay Marlboro, y lo más probable es que la cholita que atiende piense que "Marlboro" es el nombre de algún actor gringo. A un costado de la tienda un grupo de chicos conversan con desgano. Pienso por unos segundos lo estúpida que se me escucharía pidiendo un Marlboro en aquella tienda casi provinciana. Pero ahora estoy parada frente a la reja mirando directamente a los ojos a la pequeña cholita que espera que pida algo. Sólo atino a decir:
-¿Tiene camotes?
-Se han acabado…
Doy media vuelta lista para irme y veo que alguien saca un Marlboro de su bolsillo y lo enciende. Lo miro atónita. Me es difícil describirlo ahora. Sería poco decir que no era muy blanco, que tenía el cabello corto, oscuro, ondulado, los ojos oscuros, una camisa de cuadros. Mejor podría decir que era un chico joven, casi de mi tamaño, bello como un ángel. Me imagino la publicidad de un ángel fumando: sería perfecta. A esta hora y en este barrio de mierda aquel chico sólo podía ser una visión; pero descubro que es real cuando aspira el humo de su cigarro y me dice:
-De repente puedes encontrar camotes en la otra tienda.
Sabía a qué tienda se refería, pues yo venía de allí. Sin embargo le pregunto:
-¿Dónde queda exactamente? No conozco muy bien por aquí...
Me explica con señas y palabras pero no le presto atención. Me he quedado estúpida mirándolo.
-Gracias- respondo y me voy.
Sigue lloviendo. Decido ir por el camino más largo.
Necesito caminar, quizás así la confusión por la que atravieso desaparezca.
Después de tres cuadras, sigo con la mente vacía, en blanco. Resbalo, caigo y me golpeo. Estoy sucia de barro. Las manos me arden y las rodillas me duelen. Permanezco sentada en la humedad y suciedad de aquella vereda. No me importa. Me doy cuenta entonces de lo desarreglada que estoy. Me fastidia. No sé qué hacer. Abrazo mis rodillas y hundo mi cabeza en ellas. Empiezo a llorar y siento punzar a las gotas de garúa sobre mi nuca desnuda como alfileres. No sé cuánto tiempo he estado ahí, me paro cuando empiezo a estornudar y mi ropa está ya húmeda.
Llego a casa. Mecánicamente marco un número en el teléfono. Seguramente es de alguna amiga, pero no sé exactamente de quien. No me importa, sólo necesito contarle esto a alguien, a quién sea. Nadie contesta. Cuelgo.
Necesito un cigarro fuerte. Necesito saber quién es él. ¿Será que la soledad la vuelve a uno vulnerable? Quizás no era bello; quizás era un chico cualquiera, un tipo común; pero me habló. Tal vez necesitaba alguien que me hablara, aunque sea que me diga dónde puedo comprar camotes a esta hora de la noche. ¿Qué puedo hacer ahora? No lo sé. Sólo sé que lo necesito demasiado, tanto o más como necesito un cigarro en este momento.
Por un momento escucho al silencio que aumenta. Algunas imágenes torcidas pasan por mi mente. Necesito un cigarro. Necesito hablar con alguien. Me siento terriblemente mal.
Ahora sólo sé que no soluciono nada aquí tirada sobre este sillón; a solas; a oscuras; masticando un chicle de menta para medrar mis ansias de nicotina; llorando; escuchando a Silvio Rodríguez decir: "el problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse, el problema vital es el alma, el problema señor sigue siendo sembrar amor".
La escena de la tienda pasa por mi mente como una película una y otra vez. Pienso: ¿Qué hubiera pasado si hubiera pedido una cajetilla de Marlboro en esa tienda? Quizás la cholita no me iba a entender, pero quizás una mano pudo acercar hacia mi boca un cigarro y encenderlo; después ambos sonreiríamos y conversaríamos. Tal vez deba salir corriendo ahora mismo, o esperar una eternidad hasta el otro sábado, a esta misma hora en la misma tienda.
Miro la ventana húmeda y pienso: me gustaría que lloviese a cántaros, así podría salir a caminar y podría llorar mucho, desahogarme mientras la lluvia se mezcla con mis lágrimas. Sería como un rito de purificación.
Imposible. La lluvia menuda sólo logra empañar la ventana. Me he cansado de llorar. Intentaré dormir, aunque es difícil cuando se tienen los ojos hinchados…
Estoy terriblemente aburrida y no sé qué hacer. Siento venir al hastío directamente hacia mí para darme un golpe certero en el alma hueca y no sé cómo huir de él. Hoy es tres de enero y para variar estoy sola, sin nadie con quién hablar, tumbada en un sofá contemplando el techo húmedo de mi cuarto. Una agenda llena de números pero ninguno como para poder llamar a esta hora maldita.
Decido salir a caminar un poco. A veces suelo caminar sola para distraerme, a veces funciona, pero a veces lo único que consigo es cansarme. La lluvia jodida; que molesta en la cara; que no moja demasiado; la lluvia hipócrita, no cesa. No hay cigarros en mis bolsillos y necesito uno urgente. Una tienda: difícil de encontrar abierta por este barrio y a esta hora (Rímac, 11.00 P.m.). No conozco muy bien por aquí. Estoy despeinada, sin bañarme, con las bastas mojadas y sucias de barro. La lluvia me molesta, no me deja ver bien. Una luz blanca mojada, que por momentos parece ser un arco iris, me indica que hay una bodega abierta:
-Un Marlboro rojo por favor...
-Sólo hay Salem.
Maldigo para mis adentros. Ojala me gustaran los mentolados. Salgo de la tienda y mi desconcierto aumenta. No sé a dónde ir. Ver las calles así, mojadas, oscuras, sin mucha gente hacen que me de cuenta de mi realidad: me siento infinitamente sola, estoy sola.
Tengo un poco de miedo: ciento que algo puede pasar de pronto pero aún así decido ir más allá. Veo otro fluorescente que despide luz mojada igual que el anterior. No creo que tengan los cigarros que quiero pero igual decido ir.
La tienda huele a humedad, tiene unas cuantas verduras secas, algunas golosinas y pocos cigarros.
Sé que no hay Marlboro, y lo más probable es que la cholita que atiende piense que "Marlboro" es el nombre de algún actor gringo. A un costado de la tienda un grupo de chicos conversan con desgano. Pienso por unos segundos lo estúpida que se me escucharía pidiendo un Marlboro en aquella tienda casi provinciana. Pero ahora estoy parada frente a la reja mirando directamente a los ojos a la pequeña cholita que espera que pida algo. Sólo atino a decir:
-¿Tiene camotes?
-Se han acabado…
Doy media vuelta lista para irme y veo que alguien saca un Marlboro de su bolsillo y lo enciende. Lo miro atónita. Me es difícil describirlo ahora. Sería poco decir que no era muy blanco, que tenía el cabello corto, oscuro, ondulado, los ojos oscuros, una camisa de cuadros. Mejor podría decir que era un chico joven, casi de mi tamaño, bello como un ángel. Me imagino la publicidad de un ángel fumando: sería perfecta. A esta hora y en este barrio de mierda aquel chico sólo podía ser una visión; pero descubro que es real cuando aspira el humo de su cigarro y me dice:
-De repente puedes encontrar camotes en la otra tienda.
Sabía a qué tienda se refería, pues yo venía de allí. Sin embargo le pregunto:
-¿Dónde queda exactamente? No conozco muy bien por aquí...
Me explica con señas y palabras pero no le presto atención. Me he quedado estúpida mirándolo.
-Gracias- respondo y me voy.
Sigue lloviendo. Decido ir por el camino más largo.
Necesito caminar, quizás así la confusión por la que atravieso desaparezca.
Después de tres cuadras, sigo con la mente vacía, en blanco. Resbalo, caigo y me golpeo. Estoy sucia de barro. Las manos me arden y las rodillas me duelen. Permanezco sentada en la humedad y suciedad de aquella vereda. No me importa. Me doy cuenta entonces de lo desarreglada que estoy. Me fastidia. No sé qué hacer. Abrazo mis rodillas y hundo mi cabeza en ellas. Empiezo a llorar y siento punzar a las gotas de garúa sobre mi nuca desnuda como alfileres. No sé cuánto tiempo he estado ahí, me paro cuando empiezo a estornudar y mi ropa está ya húmeda.
Llego a casa. Mecánicamente marco un número en el teléfono. Seguramente es de alguna amiga, pero no sé exactamente de quien. No me importa, sólo necesito contarle esto a alguien, a quién sea. Nadie contesta. Cuelgo.
Necesito un cigarro fuerte. Necesito saber quién es él. ¿Será que la soledad la vuelve a uno vulnerable? Quizás no era bello; quizás era un chico cualquiera, un tipo común; pero me habló. Tal vez necesitaba alguien que me hablara, aunque sea que me diga dónde puedo comprar camotes a esta hora de la noche. ¿Qué puedo hacer ahora? No lo sé. Sólo sé que lo necesito demasiado, tanto o más como necesito un cigarro en este momento.
Por un momento escucho al silencio que aumenta. Algunas imágenes torcidas pasan por mi mente. Necesito un cigarro. Necesito hablar con alguien. Me siento terriblemente mal.
Ahora sólo sé que no soluciono nada aquí tirada sobre este sillón; a solas; a oscuras; masticando un chicle de menta para medrar mis ansias de nicotina; llorando; escuchando a Silvio Rodríguez decir: "el problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse, el problema vital es el alma, el problema señor sigue siendo sembrar amor".
La escena de la tienda pasa por mi mente como una película una y otra vez. Pienso: ¿Qué hubiera pasado si hubiera pedido una cajetilla de Marlboro en esa tienda? Quizás la cholita no me iba a entender, pero quizás una mano pudo acercar hacia mi boca un cigarro y encenderlo; después ambos sonreiríamos y conversaríamos. Tal vez deba salir corriendo ahora mismo, o esperar una eternidad hasta el otro sábado, a esta misma hora en la misma tienda.
Miro la ventana húmeda y pienso: me gustaría que lloviese a cántaros, así podría salir a caminar y podría llorar mucho, desahogarme mientras la lluvia se mezcla con mis lágrimas. Sería como un rito de purificación.
Imposible. La lluvia menuda sólo logra empañar la ventana. Me he cansado de llorar. Intentaré dormir, aunque es difícil cuando se tienen los ojos hinchados…
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